
Cuéntale a tu espejo las mil cartas que te envié,
dile todo sobre mí, y oculta un poco nada más, susurra
lo que yo te dije, más no lo grites al viento, que te podría
oír, calla todo aquello que te gustó, y engaña con verdades a tu amiga...
Sirve ferviente su deseo de saber tu secreto,
y miente ahora, no necesitas a nadie para hacerlo,
busca aquél árbol de naranjos fúnebres donde escribí
que aún después de mi muerte sobrevirías en mis recuerdos...
Dile las veces que te profesé amor en silencio,
miente sólo un poco, y disfruta de tus secretos, que llegará
el día en que te pueda tener de nueva cuenta conmigo, y no será
un secreto como lo es ahora, caminaré por donde nadie camina para llegar a ti...
Y qué importa si me hiero en la andanza, qué importa,
me pregunto, si al final tú estarás ahí para cuidar mis pasos,
qué importa lastimarme un tiempo, qué importa todo, si la eternidad no tiene final.
